La Semana Internacional de la Moda Flamenca volvió a convertir a Sevilla en el epicentro indiscutible de este universo estético. Bajo el concepto Generación SIMOF, la cita celebrada en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla (FIBES I) reunió a 60.000 asistentes y cerca de 120 firmas que desplegaron más de 1.500 diseños en 52 desfiles. Pero más allá de las cifras que consolidan su crecimiento lo que realmente se vivió fue una declaración colectiva: la flamenca está en su mejor momento creativo.
Generación SIMOF: herederos del volante
Hablar de Generación SIMOF es hablar de diseñadores que crecieron entre patrones, talleres familiares y mantones heredados. De jóvenes que aprendieron antes a coser un volante que a escribir su nombre. Pero también de creadores que, sin renunciar a la raíz, entienden que la tradición no es un museo: es un organismo vivo.
La presencia de S.A.R. la infanta Doña Elena de Borbón como madrina de honor y de Rossy de Palma como madrina de esta edición aportó un aura institucional y artística que subraya el peso cultural del evento. SIMOF no es solo moda; es identidad andaluza convertida en industria.
Durante el acto inaugural se entregaron los premios Flamenco en la piel, auspiciados por la Fundación Unicaja, reconociendo trayectorias que comparten ADN creativo. Desde la sensibilidad musical de Vanesa Martín hasta la labor pedagógica de Cristina Heeren, pasando por la fuerza escénica de Carmen Avilés y el legado centenario de Radio Sevilla. El homenaje a Ágatha Ruiz de la Prada recordó que el color y la irreverencia también forman parte del imaginario español. Especialmente emotivo fue el reconocimiento sorpresa a Aurora Gaviño por sus 40 años de trayectoria: un aplauso que sonó a gratitud generacional.
Tendencias 2026: la flamenca que respira luz
Si algo ha quedado claro esta edición es que la próxima Feria de Abril tendrá una flamenca luminosa, depurada y consciente de su silueta.
El blanco se impone con una elegancia casi arquitectónica. Aparece en algodones perforados, organdíes, encajes y popelines, dialogando con rayas que estilizan y estructuran. No es un blanco ingenuo: es un blanco poderoso, que sirve de lienzo para bordados minuciosos y detalles artesanales.
Los tonos pastel celestes etéreos, rosas empolvados, violetas suaves y verdes frescos aportan una feminidad contemporánea, mientras que el rojo y el negro reivindican el dramatismo clásico. La paleta se completa con tonos tierra arena, albero, caldera que evocan el albero de la plaza y el atardecer andaluz.
Los estampados exclusivos continúan siendo sello de autor. Florales, geométricos, rayas y motivos inspirados en azulejos o frutas amplían el imaginario visual. Los lunares, eternos, no desaparecen; mutan en escala y proporción, demostrando que lo icónico siempre admite reinterpretación.
Silueta: regreso al origen, mirada al futuro
En las formas, asistimos a un regreso al patrón tradicional con ecos de los años 80: talle más bajo, volantes generosos y vestidos ligeramente más cortos. Pero la nostalgia aquí no es literal. Las mangas adquieren volúmenes esculturales, los escotes se trabajan con precisión milimétrica y los cuerpos bordados recuperan protagonismo como pieza central.
Los tejidos confirman la riqueza del sector: linos, sedas naturales, gasas y crepones conviven con bielásticos y stretch que aportan comodidad real porque la flamenca no solo se luce, se vive durante horas. Encajes exclusivos, guipur, blonda, plumeti y crochet dialogan con materiales inesperados como vinilo, neopreno o aplicaciones de metacrilato y cristal. Tradición y vanguardia no compiten: se complementan.
El arte del detalle
Los complementos dejaron claro que el estilismo ya no es accesorio: es discurso. Pendientes de gran tamaño ligeros, en coral, porcelana, cristal o nácar enmarcan el rostro con teatralidad. Lazos estratégicos, pañuelos al cuello y mantones reinterpretados redefinen la silueta.
En peluquería, vuelven los recogidos estructurados y las ondas al agua. La naturalidad desenfadada cede terreno a una construcción más elaborada. La flor natural especialmente el clavel se multiplica y se coloca con intención casi escultórica.
Reconocimientos que construyen futuro
SIMOF 2026 también ha reforzado su vocación profesional. La Carta de Maestra Artesana distinguió a María del Carmen Cruz Solís y a la bordadora María José Sánchez Espinar, subrayando que sin artesanía no hay flamenca.
El Certamen de Jóvenes Diseñadores premió a Guillermo Rodríguez Oria (Yermo Rodríguez) por Mela, una colección dedicada a su madre, mientras que Alejandro Gordillo recibió el Premio Revelación por Rodeo. La primera Distinción Tierra de Herencia Flamenca reconoció a Lora del Río como enclave fundamental en la preservación del sector.
Entre los reconocimientos especiales destacó la edición limitada MC SIMOF 2026 presentada por Marqués de Cáceres, demostrando que la moda flamenca trasciende la pasarela y dialoga con otras industrias culturales. El networking también brilló en el SIMOF AfterWALK celebrado en Only YOU Hotels, donde gastronomía, música y formación especializada reforzaron el carácter experiencial del evento.
Con embajadores como Cayetano Martínez de Irujo, Olivia de Borbón y Antonio Carmona, SIMOF reafirma su dimensión social y cultural.
La flamenca como manifiesto
Lo que ha demostrado SIMOF 2026 no es solo que el sector crece. Es que madura. Que entiende su valor patrimonial y económico. Que sabe que cada volante es una firma y cada costura, una declaración de identidad.
La flamenca de hoy no pide permiso. Camina con la seguridad de quien sabe que pertenece a una tradición centenaria, pero también a una generación que la impulsa hacia el futuro.
Porque si algo nos ha recordado esta edición es que la moda flamenca no es tendencia pasajera: es carácter. Es territorio. Es emoción cosida a mano. Y mientras haya alguien dispuesto a reinterpretarla, seguirá siendo el latido más auténtico de Andalucía.
Fotografías. Chema Soler

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