Cuando el diseño y el vino comparten el mismo lenguaje, el de
la autenticidad y la emoción, el resultado es algo más que una colaboración
comercial. Así nace el proyecto que une a Ágatha Ruiz de la Prada y Bodegas
Borsao: una línea de vinos que celebra el territorio aragonés, la autenticidad
y la emoción.
La iniciativa surge desde un vínculo personal. Genel Romero,
directora de proyectos en la firma de la diseñadora, ha impulsado la licencia
con la bodega aragonesa. "Es un proyecto que nace desde lo personal y lo
auténtico. Este vino es de mi tierra, forma parte de mi identidad y de mis
raíces", explica Genel Romero. Esa conexión con el origen fue el punto de
partida para unirlo a una marca que representa creatividad, color y una manera
libre de entender la vida.
Lejos de ser una simple acción comercial, la colaboración
pone en valor lo local con proyección internacional. Ambas marcas comparten
pasión por su trabajo, una sólida trayectoria y el deseo de seguir
sorprendiendo sin perder su esencia. El objetivo: redescubrir el vino desde una
mirada más emocional y contemporánea, sin renunciar a la calidad.
El pasado miércoles 18 asistimos a un evento especial de la
mano de Jesús Reyes, experto en moda de lujo y comunicación. La velada reunió a
invitados del ámbito cultural, gastronómico y artístico para disfrutar de la
presentación y cata de los vinos creados por Ágatha Ruiz de la Prada y Bodegas
Borsao.
Entre los asistentes destacaron Cristina Rodríguez,
diseñadora de vestuario y estilista; Boris Eizaguirre, escritor, presentador y
figura mediática; Pino Montesdeoca, modelo, actriz y
autora; Rafael Ansón, presidente de la Real Academia de Gastronomía;
Jiaping Ma, colaboradora de TV y comunicadora intercultural entre China y
España; Lola Rodríguez, comisaria y crítica de arte especializada en la
dirección de programas culturales; y Carlos Alba, chef y comunicador
gastronómico, entre otros rostros conocidos.
Más allá del encuentro social, la experiencia puso de
manifiesto el concepto del proyecto: convertir el vino en una expresión
estética y emocional, donde el diseño dialoga con el origen.
La nueva línea apuesta por dos vinos pensados para compartir.
El tinto, elaborado con garnacha y syrah, seduce con su color rojo intenso y
sus aromas de fruta madura, especias y sutiles notas de madera. Una crianza
corta en barricas de roble francés y americano lo convierte en un vino
equilibrado y sabroso, perfecto para encuentros informales con estilo.
El blanco, un coupage de chardonnay, macabeo y viognier,
ofrece una versión cremosa y envolvente con notas de fruta de hueso y matices
florales. Fermentado sobre lías durante varios meses, desarrolla una textura
sedosa con un final fresco y equilibrado que combina frescura y carácter a
partes iguales.
Ambos vinos han sido creados íntegramente por la bodega,
perteneciente a la D.O. Campo de Borja, en el corazón de Aragón, reconocida por
su maestría en la garnacha. Con presencia en más de 60 países, Borsao ha
construido su reputación sobre el respeto al viñedo, la innovación y la
búsqueda constante de la máxima expresión del terruño.
La propia Ágatha Ruiz de la Prada no oculta su satisfacción
con el resultado: "Me he quedado muy satisfecha. Han sido muy minuciosos
con la elaboración y, aunque la idea estaba clara, hubo que pulirla para que el
resultado fuera de calidad. Lo considero un proyecto muy personal." La
diseñadora tiene además una visión clara de futuro: expandir esta colaboración
tanto a nivel nacional como internacional.
Ágatha Ruiz de la Prada firma el packaging, trasladando su
imaginario creativo a las botellas y al estuche. El resultado es un universo
vibrante y optimista donde el color convierte cada botella en un objeto
especial. Toda la línea mantiene una identidad coherente, minimalista y con
acabados metalizados, reforzando el concepto de pieza regalo.
Para Genel Romero, no existe frontera real entre diseño y
gastronomía. "Todo forma parte del mismo estilo de vida creativo. Mezclar
diseño y gastronomía es celebrar la creatividad en lo cotidiano."
Y si este vino fuese una prenda, lo tiene claro: sería un
vestido icónico. Lleno de color, con personalidad, alegre y directo. Una pieza
que no pasa desapercibida e invita a celebrar y disfrutar sin complejos.
Porque cuando el origen se convierte en orgullo y la
creatividad en lenguaje universal, el vino deja de ser solo vino: se transforma
en identidad compartida.

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