Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro
 

Hay colecciones que hablan de tendencias y otras que hablan de identidad. La propuesta de Devota & Lomba para Primavera-Verano 2027 pertenece claramente a la segunda categoría. Presentada el pasado 8 de septiembre en el Patio Nouvel del Museo Reina Sofía de Madrid, la colección número 80 de la firma supone un ejercicio de memoria, pero también de revisión de un lenguaje que, cuatro décadas después de su nacimiento, continúa encontrando nuevas formas de expresión.

En una industria acostumbrada a perseguir constantemente lo nuevo, Devota & Lomba propone algo menos inmediato y, precisamente por eso, más difícil: permanecer fiel a una idea.

Para Modesto Lomba, cuatro décadas después del nacimiento de la firma, la identidad no necesita ser reinventada. «Nuestro lenguaje es el mismo porque, en el fondo, seguimos pensando igual: desde una estética limpia que busca la esencia y elimina lo superfluo», explica. La frase resume buena parte de la colección y también una manera de entender la creación que se ha mantenido a lo largo de la trayectoria de la casa.

Su evolución no pasa tanto por cambiar de lenguaje como por depurarlo. Lomba lo compara con la escritura de un autor que, con los años, consigue expresarse de una manera más precisa y fluida. «Quizá la verdadera madurez de la expresión consista precisamente en eso: en saber qué quitar».

Es una idea especialmente pertinente en un momento en el que la moda parece avanzar, en ocasiones, mediante la acumulación: más información, más estímulos, más imágenes, más tecnología. Frente a ello, Devota & Lomba plantea una colección en la que la depuración se convierte en una forma de sofisticación.

Cuando no hay nada que demostrar, la sencillez deja de ser una elección estética y se convierte en una forma de verdad.


Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

Pensar la prenda desde dentro

Esa filosofía se hace visible en la construcción de las siluetas. Los vestidos parecen replegarse sobre sí mismos, como si pensaran en su propia arquitectura. Los pliegues generan un volumen contenido: la forma se expande, adquiere presencia y vuelve a ceñirse en volantes y tablas.

El efecto no es ornamental. Es estructural.

La prenda revela cómo ha sido construida y convierte esa construcción en parte esencial de su belleza. Hay una conversación permanente entre volumen y contención, entre geometría y movimiento, entre el cuerpo y aquello que lo envuelve.

En este sentido, la colección 80 no funciona como una retrospectiva. Es más bien una revisión madura de los códigos de Devota & Lomba: una mirada hacia atrás para entender mejor qué elementos siguen teniendo capacidad de futuro.


Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

La mano como posición frente al presente

La artesanía introduce otra de las grandes claves de la colección. Los calados realizados por artesanas de Ingenio, en Gran Canaria, recuperan técnicas históricas de deshilado y reconstrucción de formas sobre el lino.

Pero aquí la artesanía no aparece como una simple referencia al patrimonio ni como un recurso decorativo. Es una reivindicación del tiempo.

Cada intervención manual incorpora conocimiento, precisión y una relación física con el material que difícilmente puede reducirse a un proceso automático. Frente a la velocidad de la producción contemporánea, la mano introduce otra medida del tiempo.

Y esa elección adquiere una dimensión todavía mayor cuando se observa el contexto en el que se presenta la colección.

La inteligencia artificial, la automatización y el transhumanismo están modificando nuestra relación con la tecnología, con el cuerpo y con la propia idea de humanidad. Devota & Lomba responde desde otro lugar. No desde el rechazo de la innovación, sino desde la defensa de aquello que considera esencial.

«Nunca fuimos con la corriente», afirma Lomba. «Quizá porque siempre sospechamos de aquello que se convierte en tendencia, de lo que se acepta demasiado fácilmente como verdad».

Su posición es deliberadamente crítica. Para el diseñador, el transhumanismo no representa un territorio de equilibrio o de paz. «Encuentro, más bien, una voluntad de superar lo humano sin haber comprendido del todo aquello que significa serlo».

Por eso, frente a la fascinación por lo que está por venir, la firma vuelve a las manos, al oficio y a la precisión. «Por eso seguimos buscando la esencia».


Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

La naturaleza como medida de lo humano

Las flores de la colección prolongan esta reflexión. No son flores ordenadas en un jardín diseñado por el hombre, sino aquellas que aparecen espontáneamente en la naturaleza: jardines salvajes que nadie compone y que, sin embargo, poseen una estructura y una belleza propias.

La referencia es importante porque introduce una idea de belleza alejada del control absoluto.

«La belleza que reivindicamos es la que conocemos desde el principio, la que reconocemos antes incluso de saber nombrarla y la que, al final, permanece», explica Lomba.

Es una belleza orgánica, anterior a las modas y a las categorías. Una belleza que no necesita ser corregida ni perfeccionada.

En su reflexión aparece incluso una dimensión espiritual: «Ningún hombre podrá acercarse jamás a los matices originales de Dios». Podemos reproducir formas, imitarlas o intentar descifrarlas, pero siempre existirá algo que escapa a nuestra capacidad de control: «esa complejidad infinita de lo vivo, esa imperfección perfecta que ninguna inteligencia humana puede sustituir».

En una colección marcada por la precisión constructiva, esta idea de imperfección resulta paradójicamente fundamental. La perfección no está necesariamente en eliminar lo imprevisible, sino en comprender que existe belleza precisamente en aquello que no puede ser completamente controlado.


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Una colección sobre el tiempo

Hay, por tanto, dos tiempos que conviven en esta Primavera-Verano 2027. El tiempo lento de la artesanía y el tiempo largo de una firma que alcanza cuatro décadas de historia.

Devota & Lomba pertenece ya a la memoria de la moda española. Pero la colección no parece interesada en convertir esa memoria en un ejercicio de nostalgia. Lo que plantea es una pregunta más compleja: qué significa permanecer.

La respuesta de Lomba vuelve a la figura de Luis Devota, cofundador de la firma. «Luis Devota decía que su meta era ser un clásico».

La palabra clásico adquiere aquí todo su peso. No significa permanecer inmóvil ni repetir fórmulas. Significa construir una identidad suficientemente sólida como para sobrevivir a los cambios de época.

«Seguir siendo reconocibles, fieles a una idea y capaces de permanecer cuando todo lo demás haya cambiado». Esa es, según Lomba, la aspiración para los próximos cuarenta años.


Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

El lujo de lo esencial

En su colección número 80, Devota & Lomba no parece querer competir con la velocidad del presente. Hace algo más difícil: reivindica la permanencia.

Mientras la tecnología promete ampliar nuestras capacidades, la firma recuerda el valor de aquello que ya poseemos: una mano capaz de trabajar un tejido, un ojo capaz de reconocer una proporción, un cuerpo capaz de habitar una prenda y una sensibilidad capaz de encontrar belleza en un jardín que nadie diseñó.

La colección habla de futuro precisamente porque se resiste a olvidar el pasado.

Y quizá ahí reside su gesto más contemporáneo. En una época obsesionada con anticipar lo que viene, Devota & Lomba propone volver a mirar aquello que permanece.


Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

Devota & Lomba: la esencia como forma de futuro

La excelencia de un detalle. La precisión de una construcción. La inteligencia de una forma. El tiempo necesario para hacerla. Y, por encima de todo, una idea.

Una idea que cuatro décadas después sigue siendo reconocible.

Una idea que no necesita demostrar nada.

Una idea que aspira, sencillamente, a convertirse en clásica.




Fotografías. Julio Merino

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