La 68.ª edición de los Premios Grammy pasará a la historia no solo por lo que celebró, sino por lo que dejó atrás. Por primera vez en más de una década, la gran noche de la música no estuvo marcada por el eterno triángulo de poder formado por Taylor Swift, Beyoncé y Adele. Su ausencia simbólica abrió espacio a una narrativa distinta: más diversa, más arriesgada y, sobre todo, más alineada con el pulso cultural global que define la música y la moda en 2026.
Desde la alfombra roja quedó claro que esta no sería una gala conservadora. El dress code implícito fue la individualidad elevada al máximo exponente. Siluetas escultóricas, guiños al archivo, experimentación de género y una convivencia natural entre lujo artesanal y estética street marcaron una red carpet donde la música volvió a dialogar con la moda de forma honesta. Bad Bunny apostó por una sastrería intervenida con referencias caribeñas, reafirmando su estatus de icono cultural transversal, mientras Billie Eilish continuó su evolución hacia una elegancia oscura y depurada, alejándose definitivamente del oversize como manifiesto.
En contraste, artistas emergentes como Olivia Dean demostraron que la sofisticación clásica puede convivir con frescura contemporánea. Su elección de líneas limpias y tejidos nobles fue una extensión natural de su propuesta musical: honesta, emocional y sin artificios innecesarios. La alfombra roja de los Grammy 2026 no gritó tendencias; las susurró con inteligencia.
Ya dentro del recinto, la gala confirmó lo que la red carpet había anticipado: esta fue una noche de consolidaciones históricas. Kendrick Lamar se erigió como el gran protagonista, convirtiendo cinco de sus nueve nominaciones en victorias, incluida Grabación del Año por Luther junto a SZA. Con este hito, Lamar se consagra oficialmente como el rapero más premiado en la historia de los Grammy, un reconocimiento que valida no solo su excelencia lírica, sino su capacidad para transformar el hip hop en un lenguaje cultural global y profundamente político.
Bad Bunny, por su parte, firmó una de las grandes gestas de la noche al alzarse con el Álbum del Año por Debí Tirar Más Fotos. El disco, íntimo y experimental, confirma una madurez artística que trasciende géneros y mercados. Su triple victoria incluyendo Mejor Álbum de Música Urbana refuerza el lugar de la música latina no como categoría periférica, sino como eje central del relato musical contemporáneo.
Uno de los momentos más celebrados fue el triunfo de Billie Eilish y Finneas, quienes hicieron historia al ganar por tercera vez Canción del Año gracias a Wildflower. Lejos de repetirse, el dúo demostró que la sensibilidad minimalista sigue siendo una fuerza imparable cuando se ejecuta con verdad emocional y una producción impecable.
La gala también fue testigo de avances significativos en la representación global. Golden, de Huntr/x (Las guerreras k-pop), se llevó el Grammy a Mejor Canción Escrita para Medios Audiovisuales, marcando el primer Grammy en la historia para el K-pop. Un logro que confirma que la industria, aunque lentamente, empieza a reflejar el consumo musical real del planeta.
En el terreno del pop y la electrónica, Lady Gaga brilló con Mayhem y Abracadabra, demostrando que su capacidad de reinventarse sigue intacta. FKA Twigs se alzó con el premio a Mejor Álbum de Dance o Electrónica por Eusexua, una obra radical, corporal y vanguardista que conecta música, performance y estética con una coherencia poco habitual en el mainstream.
El rock y la música alternativa vivieron una noche de reivindicación. Turnstile ganó Mejor Álbum Rock con Never Enough, mientras The Cure se llevó tanto Mejor Interpretación como Mejor Álbum de Música Alternativa, recordándonos que la longevidad artística también puede ser sinónimo de relevancia.
Las actuaciones contenidas y poderosas, Rosé y Bruno Mars, Sabrina Carpenter, Katseye, Justin Bieber, Lady Gaga, Pharrell Williams, y muchos más creativos que realizaron un ejercicio de virtuosismo vocal y teatralidad elegante.
Los Grammy 2026 no fueron una gala de excesos, sino de intención. Una edición que entendió que el lujo, la moda y la música ya no se definen por la grandilocuencia, sino por la autenticidad. Una noche que no solo premió canciones y discos, sino una nueva forma de estar en el mundo creativo: más plural, más consciente y, sin duda, más interesante.
