El Encuentro de Nominados y Nominadas de la 40ª edición de los Premios Goya, celebrado este lunes 2 de febrero, no es únicamente un acto protocolario previo a la gala. Es, sobre todo, un termómetro preciso del estado actual del cine español: sus inquietudes creativas, sus líneas estéticas dominantes, sus tensiones industriales y, también, su notable diversidad de voces. Reunir en un mismo espacio a cerca de 200 profesionales reconocidos por la Academia supone mucho más que una fotografía institucional; es una instantánea cultural de gran valor simbólico.
El acto, presidido por Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de Cine, contó con la presencia de representantes institucionales y una amplia representación de cineastas, intérpretes, productores y creadores musicales que han marcado de forma decisiva la cosecha cinematográfica del último año. En ese cruce de trayectorias consolidadas y nuevas miradas se percibe una industria que, pese a las dificultades estructurales que arrastra desde hace décadas, continúa reinventándose con una vitalidad creativa notable.
UNA GENERACIÓN DE AUTORES QUE REDEFINE EL RELATO
La presencia de cineastas como Oliver Laxe, Carla Simón, Alauda Ruiz de Azúa o el tándem formado por Jose María Goenaga y Aitor Arregi confirma una tendencia ya asentada: el cine español contemporáneo ha dejado de mirar exclusivamente hacia el centro para explorar los márgenes, tanto geográficos como emocionales. Son autores que trabajan desde lo íntimo, lo identitario y lo político sin caer en el subrayado, apostando por un lenguaje cinematográfico depurado y coherente.
Junto a ellos, nombres como Ion de Sosa, Eva Libertad, Gerard Oms o Guillermo Galoe evidencian la consolidación de una generación que transita entre el cine de autor y una vocación clara de diálogo con el público. Este equilibrio entre riesgo formal y accesibilidad narrativa es una de las grandes fortalezas del panorama actual, y explica en parte el reconocimiento internacional que el cine español viene cosechando en festivales y mercados.
EL PESO INTERPRETATIVO: diversidad, madurez y renovación
En el ámbito interpretativo, el encuentro puso de manifiesto una riqueza poco habitual en otras épocas. Figuras consagradas como Nora Navas, José Ramón Soroiz o Manolo Solo conviven con intérpretes en plena expansión creativa como Susana Abaitua, Ángela Cervantes, Tamar Novas o Álvaro Cervantes. Esta convivencia intergeneracional no es casual: responde a una industria que ha aprendido, lentamente, a valorar el oficio, el tiempo y la complejidad emocional en la interpretación.
Resulta especialmente relevante la presencia de intérpretes como Miriam Garlo o Blanca Soroa, que encarnan una apuesta clara por la inclusión real y no meramente simbólica. El cine español parece empezar a comprender que la representación no es una concesión, sino una herramienta narrativa que amplía las posibilidades del relato y conecta con una sociedad diversa y cambiante.
LA PRODUCCIÓN COMO COLUMNA VERTEBRAL DEL SISTEMA
Si algo quedó claro en este encuentro es que, sin una producción sólida, no hay cine posible. Productores como Esther García, Adolfo Blanco, Valérie Delpierre, Chelo Loureiro, Sandra Hermida o Tono Folguera representan modelos distintos pero complementarios de entender la producción: desde el cine de autor más radical hasta proyectos con clara vocación internacional.
En un contexto marcado por la transformación de los modelos de financiación, la irrupción de las plataformas y la redefinición de las ventanas de exhibición, el papel del productor se ha vuelto más estratégico que nunca. Ya no se trata solo de levantar proyectos, sino de acompañarlos en todo su ciclo de vida, desde el desarrollo creativo hasta su posicionamiento en festivales, salas y mercados internacionales.
LA MÚSICA COMO NARRATIVA EMOCIONAL
La nominación de artistas como Víctor Manuel, Leiva, Blanca Paloma o Alba Flores en la categoría de Mejor Canción Original pone de relieve la importancia creciente de la música como elemento narrativo. Lejos de ser un mero complemento, la canción original se ha convertido en muchos casos en una extensión emocional del relato cinematográfico, capaz de fijar una película en la memoria colectiva.
Esta tendencia conecta con una tradición histórica del cine español, pero también con una sensibilidad contemporánea que entiende la banda sonora como un espacio de diálogo entre disciplinas artísticas.
BARCELONA COMO ESCENARIO SIMBÓLICO
La celebración de la gala de los Premios Goya el próximo 28 de febrero en Barcelona añade una capa simbólica adicional a esta edición. No se trata solo de una descentralización geográfica, sino de un reconocimiento a la pluralidad cultural y lingüística que define el cine español actual. Cataluña ha sido, históricamente, un motor creativo e industrial del audiovisual, y su protagonismo en esta edición refuerza la idea de un cine que se construye desde múltiples territorios y sensibilidades.
MÁS ALLÁ DE LOS PREMIOS
El Encuentro de Nominados y Nominadas no es una meta, sino una pausa reflexiva antes del gran escaparate mediático. Más allá de quién alce finalmente el cabezón, lo verdaderamente significativo es la fotografía de conjunto: un cine español diverso, arriesgado, consciente de su contexto social y cada vez más cómodo en su propia identidad.
En un momento de incertidumbre global para la cultura, este encuentro funciona como un recordatorio poderoso de que el cine sigue siendo un espacio de pensamiento, emoción y diálogo colectivo. Y quizá ahí resida su mayor premio.
Foto: © Enrique Cidoncha – Academia de Cine
