De compras en navidad con tus amigas, ¡Dulce pesadilla!


¡Llegó la etapa navideña!, época en la que los comercios hacen el cuarenta por ciento del total de ventas del año, comida, juguetes, perfumes y moda.

Moda, ¡porque sí! A todos nos gusta ponernos nuestras mejores galas en navidad y fin de año, aunque no seamos muchos en la cena o no nos dejen salir, queremos ser reyes y reinas de la navidad. Así que con la excusa de buscar apoyo en tu propósito navideño y de paso fichar el modelito de tus amigas, ¡decidís ir de compras juntas!

En principio la cosa pinta bien, la “cuchipanda” juntas en una tarde de shopping, cafés muy cuquis de esos que llevan sabor a gingerbread y chismorreos, de esos que nos encanta. 

Todo empieza muy bonito, llegamos al punto acordado, sonrisas y codazos, porque no nos podemos abrazar, pero que el ánimo no decaiga y nadie arruine nuestra tarde Gossip girl. 

Primer paso, ¿a dónde vamos? Una no quiere ir a tal tienda que no le gusta, otra solo quiere comprar ahí, ¡empezamos bien!, bueno no pasa nada tras un rato “parlamentando” la amiga mediadora ha establecido que podemos ir a los dos lados, no importa que esa fuera la primera opción sin esos veinte minutos de parlamento, no sería lo mismo, para estos casos te recomiendo que saques las notas de tu móvil y hagas tu “shopping list”. 

Llegamos a la tienda, empezamos la primera cola en la calle porque los aforos son limitados.

Aprovechad el tiempo para dejar constancia en redes de vuestra tarde “pretty woman”, aprovechar a sacar algunos selfies y lucir modelito, ¡sin quitarse la mascarilla! (no es plan de poner en peligro al personal ni a nosotros mismos). 

Entre foto y foto, etiqueta y pon el #shoppingconlapandi… 

Poco a poco divisamos la puerta, conseguimos entrar y degustamos el gel, un gesto cotidiano que puede ser muy divertido, podéis apostar ¿cuál os tocará? el pegajoso, el que es granulado, el que huele a vodka o si tienes suerte el que va en spray, que es fresquito; pero sea el que sea ¡póntelo!

Entramos y se genera una desbandada general, empezamos a mirar cada una por un perchero para abarcar terreno y ahí entra la opción de tu amiga, la que todo lo busca y todo lo coge en la mano, su talla o no así que en estos casos es mejor estar avispada y cogerlo antes tú, aunque lo tengas difícil por sus años de práctica en el arte de acaparar todo, a pesar de ello, como la conoces consigues empezar a coger unas cuantas prendas que te gustan, cuando sin saber cómo de la nada te acecha una sombra que con su flamante sonrisa te dice “¿dónde has cogido esto?”, le señalas la percha que por algo sois amigas pero la cosa no queda ahí y sigue con la siguiente, y la siguiente hasta tener en sus manos todas las prendas que también tienes tú. Compartir es bueno, pero no le vendría mal algo de gusto propio, aquí en el mejor de los casos se la encasquetas con disimulo a la amiga que todo lo ficha, así al menos se cansa mientras tú compras tranquila.  

Y ahí sigues tú, con tus prendas, que visto el panorama decides cambiarlas que no es plan de ir en modo gemelas de “sweet valley” con tu amiga, pero en cuanto te lanzas a por ese vestido que tanto te ha llamado la atención llega la tercera fase del desafío, una mano misteriosa te enseña un vestido directo en tu cara: ¡Querida este es totalmente tu estilo! 



Más conocida como la amiga estilista, que solidariamente y sin que nadie le pregunte te renueva el vestuario y te busca cositas, (oye échales un ojo por que estas tienen buen gusto y a veces aciertan) eso sí, con las cosas bien claras para no terminar llevándote algo que en realidad no quieres, por mucho que sea “perfecto para ti” 

Llegamos al meridiano del evento, hay que probarse las prendas, que una cosa es la percha y otra “tu percha”. En este punto lo mejor es arrimarte a tu amiga sincera pero políticamente correcta, queremos sinceridad, no hundirnos en la miseria. 

Llegamos a la cola, que en estas fechas suele ser larga en donde tenemos a la amiga impaciente, “¿de verdad vais a probaros todo con esta cola?; si se puede devolver”  

Ahí empiezas un debate en donde argumentas tus pros y contras, de porque prefieres guardar una cola ahora y descartar que comprar o no, para no tener que perder el tiempo otro día entre aforos y toques de queda, ya que estas ahí aprovechas el tiempo. No la harás cambiar de opinión, pero al menos estaréis entretenidas en la espera. 

Una vez dentro del probador cuelgas las prendas en los dos mini colgadores que tiene el cubículo de 1x1, dejas el bolso y abrigo en el suelo mientras decides que ha de salir de ese espacio finito tú o la ropa que te tienes que probar. 

Te vistes con el modelazo, vestido de noche combinado con los vaqueros, descalza y con calcetines de dibujos, que en cubículo no había espacio para más, mientras te miras en el espejo y te ves toda diva que ese vestido te hace un cuerpazo que para que, preguntas a tu amiga si ya está lista y os venís arriba, abriendo las cortinas para ese momentazo pasarela con paso firme mientras en vuestras cabezas suena “vogue” de Madonna, media vuelta para lucirse bien, pero entonces: “ese color no te favorece mucho”. Toma jarro de agua fría, menos mal que era la amiga sincera pero correcta.

Bueno no pasa nada, hay más opciones, vuelves al cubículo enano a por la opción dos, mientras tu querida amiga sincera te grita desde al lado: “cuando te lo quites déjame que me lo pruebe yo”. Como esto te suena y sinceridad, ante todo, le contestas correctamente que, aunque el color no te quede bien, te lo vas a quedar, pero ya se lo prestarás algún día, mientras dejas su petición en tu lista mental de cosas pendientes. 

Llegados a este punto, has sobrevivido a la fase probadores, devuelves tus prendas al perchero de desinfección, intentando no fijarse que esta esa falda que tanto deseabas en tu talla ahí colgada y tomas nota mental de mirarla online al llegar a casa, otro poquito de gel del dispensador, que, aunque el probador y las prendas estén desinfectadas has estado manoseando todo y nunca se sabe, llegamos al tramo final de la experiencia, la cola para pagar. Que entre que es época navideña y la distancia de seguridad imprescindible, da la vuelta a la tienda, avisas a la pandi y te pones al final.

Un poco desesperante ya que estás donde empezaste, en la puerta de entrada, pero ya que has llegado hasta aquí, no vas a rendirte, además con la distancia de seguridad por primera vez en tu vida estás en una cola en donde respetan tu espacio personal, no todo iba a ser malo.

Como no podía fallarte y para que no aburras, viene a hacerte compañía la amiga tester que empieza a probar en ti, todos los cosméticos y perfumes que hay camino a la caja, intentas ser positiva, no sabes si por los vapores del exceso de perfume que llevas encima, pero ya casi estás llegando a caja, lo vas a lograr, pero no, de esa nube de vapor provocada por los polvos translúcidos que tu amiga tester te está poniendo encima para ver si le gusta el color, aparecen tus amigas ninjas, cargaditas de prendas para que las cueles y tú ¿cómo les vas a decir que no?

Muy a pesar de las mil y una maldiciones y miradas fulminantes que el resto de la gente de la cola os está echando, bendices el llevar tu mascarilla que oculta tu expresión al más puro estilo “tierra trágame”

Las dejas pagar antes que tú, para minimizar el daño del cuele con la esperanza de que paguen rápido y acabe cuanto antes esta pesadilla, inocente de ti, nada más cae la primera pieza de tela en el mostrador, tu querida amiga la sociable, empieza a contarle media vida al cajero de turno, la cosa no pinta bien y para colmo, tu amiga la indecisa, empieza a preguntarte si debe o no llevarse esa prenda.

A esas alturas, tu desesperación crece y solo quieres salir de ahí, pero como la de adelante tiene para rato, intentas consensuar con la indecisión de tu amiga que siempre termina igual, dejando la prenda, por mucho que le digas. 

Da igual, por fin estás en la caja pagas todo y vas directa a la puerta de salida, que no es por la que entraste, otro chorrito de gel, que después de pagar sabe Dios que te habrás llevado en las manos y sales de ahí como alma que lleva el diablo en busca de tu cuchipandi que te esperan en la puerta con la amiga “aquí no entro” y la pregunta: “¿y ahora a que otra tienda vamos?”



La tarde es joven y acabáis de empezar la sesión de shopping, así que contentas y satisfechas con vuestras compras y porque en el fondo las adoras, os vais luciendo todas esas bolsas, con paso firme como si fuerais las protagonistas de “Sexo en Nueva York”.



Redacción. Anie Rodríguez.


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2 comentarios :

  1. Agotada y agobiada he quedado con ese día de compras, jajaja. Será por eso que prefiero ir de compras sóla? Normalmente si voy con amigas poco compro.

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    1. Todas tenemos un poco de amigas, a mi me encanta comprar con ellas, pero de vez en cuando sola, no viene mal... 💜❤️

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